La tercera temporada de La casa del dragón ya está demostrando que sentarse en el Trono de Hierro es solo el principio de los problemas. Tras los intensos primeros episodios emitidos en HBO Max, Rhaenyra Targaryen ha logrado conquistar Desembarco del Rey, pero pronto se da cuenta de que mantener el poder será un desafío mucho mayor que ganarlo en el campo de batalla.
El verdadero precio de gobernar
En su nueva posición como reina, Rhaenyra se enfrenta a unas arcas vacías, cortesía de una última maniobra estratégica del bando de los Verdes antes de perder la capital. A la falta de fondos se suma el enorme descontento de un pueblo hambriento. Para dar una lección a la nobleza que ha estado acaparando alimentos, la monarca organiza un banquete donde el plato principal son ratas. Se trata de una escena impactante que no aparece en la novela Fuego y sangre de George R.R. Martin, pero que subraya el endurecimiento del personaje y su intento de empatizar con los ciudadanos más humildes.
Sorpresas y giros inesperados
Los responsables de la ficción han decidido tomarse ciertas libertades creativas que están dejando sin palabras a los seguidores. Uno de los cambios más comentados es la trama de Daeron Targaryen. Cuando Ormund Hightower parece rendirse y entregar al príncipe, una revelación de Alicent destapa que el joven retenido es en realidad un impostor. El auténtico Daeron sigue oculto bajo la protección de los Hightower, quienes planean utilizarlo junto a su dragón Tessarion como su gran baza en la guerra.
Además, la serie ha optado por centrarse en las intrigas políticas y las consecuencias de los actos bélicos en lugar de mostrar batallas masivas en cada capítulo, alterando sucesos literarios como la toma de Tumbleton. Actores como Steve Toussaint (Corlys Velaryon) y Phoebe Campbell (Rhaena Targaryen) han destacado que esta temporada refleja a la perfección el coste extremo del conflicto, dejando claro que las traiciones y los movimientos en la sombra pueden ser tan letales como el fuego valyrio.
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