El histórico certamen musical ha decidido dar un giro a sus normativas de cara a las próximas ediciones. La Unión Europea de Radiodifusión (UER) ha anunciado una serie de modificaciones en el reglamento de Eurovisión que afectarán directamente a la elección del país anfitrión y a los requisitos de los artistas sobre el escenario.
La seguridad como prioridad
A partir de la próxima edición, que se celebrará en Bulgaria, ganar el festival ya no garantizará automáticamente el derecho a organizarlo al año siguiente. La nueva normativa establece que aquellos países que se encuentren inmersos en un conflicto armado o atraviesen una situación geopolítica delicada no podrán ser la sede del evento.
La organización se reserva el derecho de encargar evaluaciones de seguridad independientes. Si se determina que el país ganador no puede ofrecer las garantías necesarias para proteger a las delegaciones y al público, la UER designará a otra cadena pública para que asuma el reto. Esta medida busca blindar el concurso y evitar problemas logísticos ante posibles victorias de naciones en situaciones complejas, como es el caso actual de Israel o Ucrania.
Un único organizador suplente
Este nuevo marco regulador también cambia la forma en la que un país sustituto toma las riendas del formato. A diferencia de lo ocurrido en 2023, cuando el Reino Unido albergó el festival en nombre de la televisión ucraniana tras su victoria un año antes, a partir de ahora la cadena alternativa asumirá el cien por cien de los derechos y responsabilidades. Es decir, organizará el certamen por derecho propio y no en representación del ganador original.
Mayoría de edad y voces en directo
Por otro lado, Eurovisión ha endurecido las reglas para los concursantes que busquen representar a sus respectivos países. La edad mínima para pisar el escenario pasará de los 16 a los 18 años, un requisito que el artista deberá cumplir, como tarde, el día de su primer ensayo oficial.
En cuanto al apartado técnico y musical, el festival seguirá permitiendo el uso de pistas de acompañamiento, pero con matices importantes. La voz principal de la canción tendrá que interpretarse obligatoriamente en directo, limitando el uso de elementos pregrabados para asegurar que no sustituyan ni enmascaren la verdadera capacidad vocal del representante.
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