César trabaja de portero en un edificio de apartamentos. Puede que no sea el mejor trabajo del mundo, pero la verdad es que no lo…
César trabaja de portero en un edificio de apartamentos. Puede que no sea el mejor trabajo del mundo, pero la verdad es que no lo cambiaría por ningún otro, ya que le permite conocer a fondo a todos los inquilinos del inmueble, sus movimientos, sus hábitos, sus secretos… Y todo sin levantar ninguna sospecha, pero a César le gusta jugar, hacer daño, y mover las piezas necesarias para crear dolor a su alrededor. Y la nueva vecina no deja de sonreír, entra y sale cada día radiante y feliz. Es el nuevo objetivo de César, un reto personal rayando la obsesión. Sin embargo, el juego no tarda en complicarse más de la cuenta hasta volverse impredecible y peligroso. Si no tiene cuidado, incluso podría volverse contra él.
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