Una película sin argumento, apenas un aguafuerte o un carpetón de aquellos retratos al minuto que hacían los pintores en las calles de…
Una película sin argumento, apenas un aguafuerte o un carpetón de aquellos retratos al minuto que hacían los pintores en las calles de Madrid alrededor de 1950. La capital fue entonces, más que nunca, el rompeolas de España: un rompeolas gris y de grises, todavía racionado, tierno y cruel, pobre hasta en sus alegrías, convaleciente, pero también pícaro, festivo y surrealista.
Comentarios