Tomek es un joven que está enamorado de Magda, su vecina, una mujer mayor a la que observa con unos binóculos desde su ventana y a la que llama por teléfono anónimamente. Un día, el chico decide vencer finalmente su timidez y acude a casa de Magda, a la que confiesa sus sentimientos. Pero la mujer le rechaza bruscamente, provocando la desolación de Tomek.
A finales de los años 80, el aclamado realizador Krzysztof Kieslowski se entregaba a la tarea de rodar su famoso ''Decálogo'', un manifiesto audiovisual que sintetiza la desolación humana de la sociedad en general y de Polonia en particular en aquellos momentos. Cada una de las películas que forman el ''Decálogo'' giran en torno a unos personajes grises, alienados y esclavizados, que apenas tienen fuerzas para luchar contra una sociedad opresora en la que los hombres ya no tienen tiempo para mostrar los sentimientos y las pasiones.
El sexto de estos postulados del desaparecido director polaco nos presenta una historia de amor y voyerismo, de desilusiones y frustraciones, en la que cada personaje se ve obligado a sobrevivir en medio del vacío sentimental que les rodea.
Personajes cotidianos viven en un complejo habitacional en Varsovia, y aunque cada episodio narra una historia independiente, el conjunto se enriquece mediante algunas claves aparentemente causales.
Cada uno de los Diez Mandamientos dio pie para que el cineasta polaco Krzysztof Kieslowski (conocido también por la trilogía ''Tres colores'', que incluye ''Azul'', ''Blanco'' y ''Rojo'') hiciera en 1988 un trabajo televisivo con el fin de plasmar la desolación y la angustia del ser humano en la sociedad actual en la que vivimos. El resultado fue este particular Decálogo que se convirtió en toda una declaración de principios del desaparecido realizador y en un documento imprescindible del audiovisual europeo de la segunda mitad del siglo XX. Tanto es así, que el realizador de clásicos como ''2001: una odisea en el espacio'' o ''La naranja mecánica'', Stanley Kubrick describió esta serie como la única obra maestra audiovisual que podía nombrar.
A destacar también, la magnífica banda sonora de Zbigniew Preisner, uno de los compositores polacos más conocidos y que ha colaborada varias veces con el realizador.
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